JUAN RULFO. CIEN AÑOS


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Exposición itinerante

Se presenta en el Centro de Documentación de la Filmoteca de la UNAM

A más de sesenta años de la publicación de Pedro Páramo, la figura de Juan Rulfo crece y se torna más enigmática e indescifrable, como ocurre con su difícil y compleja adaptación a las imágenes fílmicas. Su escueta obra, cuyos méritos se localizan en la intensidad de su prosa y sus atmósferas, alcanzó la hechura de guiones y una afición a la fotografía donde dejó testimonio de su talento a partir de áridos paisajes emocionales y de fantasmas cotidianos que habitan en sus relatos.

Los indígenas, el espacio rural, las fiestas y manifestaciones religiosas y la soledad como telón de fondo, están presentes en su trabajo con la luz, la pluma y la máquina de guionista: visiones inexpugnables para infinidad de cineastas que se vieron tocados por su obra y sus misterios. En 1955, a tan sólo dos años después de la publicación de El llano en llamas, se lleva a cabo la primera adaptación de su obra: Talpa dirigida por Alfredo B. Crevenna, sobre una mujer que manipula las pasiones de dos hermanos.

Como contraste a ésta, surge un corto experimental que exponía las lacras de la explotación campesina y el cacicazgo a través de fantasmales metáforas visuales. El despojo (1958-1960) de Antonio Reynoso aprovecha los espacios y la aridez del valle del Mezquital misma que Rulfo iba imaginando sobre la marcha e improvisando los diálogos de los personajes interpretados por actores no profesionales.

En 1962, El Indio se trasladó a Guatemala para filmar Paloma herida, historia violenta y fatalista protagonizada por Patricia Conde y el propio Emilio Fernández en el papel del malvado Danilo Zeta, a partir de un argumento suyo adaptado por Rulfo. El Indio figura como uno de los actores centrales de El rincón de las vírgenes (1972) de Alberto Isaac que trasladaba la pantalla, los cuentos de Rulfo: Anacleto Morones y El día del derrumbe, en una historia que cambiaba la actitud trágica de los personajes rulfianos por un placer gozoso y bucólico.

En La fórmula secreta (1964), obra atípica y perturbadora triunfadora del Primer Concurso de Cine Experimental, sus imágenes rurales y urbanas, como aquella del charro a caballo que persigue y laza a un burócrata por las calles del Centro Histórico, o esa frenética cámara que da vueltas en círculo en medio de la plancha del Zócalo capitalino, se complementan de manera inquietante y poética con los textos escritos por el autor de El llano en llamas.

Otra historia de ambientación rulfiana fue En este pueblo no hay ladrones (1964) dirigida por Alberto Isaac, a partir de un relato de Gabriel García Márquez; en ella, Juan Rulfo aparecía como extra jugando una partida de dominó. Ese mismo año, un argumento de Juan Rulfo era adaptado por Carlos Fuentes, García Márquez y el director Roberto Gavaldón: El gallo de oro en la historia de un humilde pregonero Dionisio Pinzón (Ignacio López Tarso) obsesionado con La Caponera, cancionera de palenques (Lucha Villa), amante del brutal gallero Lorenzo Benavides (Narciso Busquets). Arturo Ripstein realizaría una versión amarga de ésta: El imperio de la fortuna (1986) con Ernesto Gómez Cruz y Blanca Guerra.

El punto de vista fantasmagórico con caciques demoniacos se asoma en las versiones de Pedro Páramo (1966) de Carlos Velo con John Gavin y Pedro Páramo, el hombre de la media luna de José Bolaños en 1976, con Manuel Ojeda como el protagonista. Ambas historias, ubicadas en el pueblo de Cómala, habitado por querencias y fantasmas, son prueba fehaciente de lo inaccesible de la literatura de Rulfo para el cine nacional. Pedro Páramo fue un trabajo deslumbrante con algunos momentos espléndidos e impactante fotografía de Gabriel Figueroa.

En ¿No oyes ladrar los perros? (1974) inspirada en el relato homónimo de Rulfo, el documentalista francés Francois Reichenbach, construye el relato de un México exotista y de exportación, pero descubre al mismo tiempo una provincia insólita y anómala y una ciudad de México caótica e insensible. La inquietante visión de otra provincia mexicana ligada a Rulfo se localiza en la austera Los confines (1987) de Mitl Valdés y Roberto Rochin concretó Purgatorio (2008) inspirado en tres relatos de Rulfo, realizados previamente como mediometrajes: Un pedazo de noche (1995), Paso del Norte (2002) y Después de la muerte (2005).

Por último, como suerte de epílogo El abuelo Cheno y otras historias (1995) y Del olvido al no me acuerdo (2000) de Juan Carlos Rulfo -hijo de Juan Rulfo-, rastrean en la biografía emocional del autor de Pedro Páramo, en un curioso retrato de familia y un intento por descubrir el universo mágico, fatalista e impenetrable de uno de los mayores escritores de nuestro país.

RAFAEL AVIÑA