MARIA FELIX, LA MUJER, LA ESTRELLA, EL MITO Y LA GUERRERA DEL CINE MEXICANO

Publicación revista Toma

“Maria Félix, es una Belleza que duele”,

Jean Cocteau


La mujer sin alma

María Félix (María de los Ángeles Félix Guereña) nació en Álamos, Sonora, el 8 de abril de 1914. Su madre fue Josefina Guereña, mujer devota, católica, abnegada y sumisa. Fue educada en un convento de monjas, de Los Ángeles, California, Estados Unidos. Su padre fue Bernardo Félix, de ascendencia yaqui y funcionario estatal y de quien heredó su atractivo físico, temperamento, carácter férreo y dominante. Sus padres se casaron en 1901 y tuvieron doce hijos. María del Alma fue la cuarta. Su infancia fue dura por su carácter rebelde e independiente. María Bonita –como la nombró Agustín Lara en su inmortal canción—tuvo la iniciativa, la voluntad, la constancia y el dominio de su cuerpo, mente y espíritu para realizar labores fuera de lo normal. María soñadora era…¡sonámbula! Caminaba por las noches, ya de niña, ya de joven, ya de mujer, y la guiaba su instinto de conservación, su misteriosa intuición para no sufrir percances y toparse con la mala fortuna. Quizá eso la mantuvo en constante equilibrio corporal, emocional y artístico; nunca se le vio decaída, triste, derrotada, desarreglada, nunca perdió su compostura, su elegancia su pulcritud y sus raíces. Soñaba despierta, resplandeciente porque tenía un sexto sentido. No adivinaba su suerte; la vivía en cada paso, en cada vivencia, en cada actuación. Su sonambulismo era un don suyo—su espíritu revelado, que no encaja en lo convencional, lo cotidiano, lo fútil y un privilegio de su seductora personalidad. “María Félix se inventó a sí misma”, escribió el poeta Octavio Paz.

Tiempo después, su numerosa familia se mudó a Guadalajara y María quizá vivió la etapa más feliz de su vida. Fue expulsada de un colegio de monjas, no tenía vocación religiosa (su juvenil belleza le atrajo “simpatías anormales” con los curas tentones), admiraba a los charros y fue reina de belleza de la Universidad de Guadalajara. Tuvo muchos novios. Ella se enamoró de su hermano Pablo, que estudiaba en el Colegio Militar y quien murió en circunstancias extrañas. A María de los Ángeles le dolió mucho su ausencia. En esa etapa de su vida, se casa—para liberarse del yugo familiar y social—con Enrique Álvarez, un agente de ventas de la compañía de cosméticos Max Factor, y procrea a su único hijo, Enrique. Surge el conflicto marital: la infidelidad de parte del marido y ella…hace lo mismo: con su vecino Paco, un muchacho guapo y culto. María la esposa…la que no se dejaba humillar se divorcia del agente de ventas, pero este le arrebata al pequeño Enrique. Más adelante, ya famosa, se lo quita a su ex esposo. A principios de la década de 1940, viaja a la Ciudad de México y un día, caminando por la calle de Palma, en pleno centro histórico de la capital, la descubre el ingeniero Fernando Palacios y se queda maravillado ante el porte distinguido de María Urbana. No tarda mucho en ingresar en plan -siempre estelar- al cine mexicano (antes ya había viajado a Hollywood donde el productor, director y magnate Cecil B. De Mille le ofreció “las perlas de la virgen”, un contrato, pero ella lo rechazó de modo categórico). María Terca, buscaba el firmamento cinematográfico nacional y debutó en la película El peñón de las ánimas, 1942, de Alfredo Zacarías. Sin experiencia artística pero con una voluntad de acero, deslumbrante personalidad y apoyada por un gran cuadro de actores, la cinta tiene un gran éxito de taquilla.

Empero, el galán del filme mencionado, Jorge Negrete, la maltrata y la ofende por su “carencia de cualidades artísticas”. Ironías del destino: años después “el Charro Inmortal” se enamora apasionadamente de María. En ese mismo año es dirigida por Felipe Castillo en María Eugenia, con Rafael Baledón; al año siguiente actúa en La mujer sin alma, de Fernando de Fuentes, con Fernando Soler y en La china poblana, de Fernando A. Palacios, con Julián Soler. Sería con la cinta Doña Bárbara, 1944 del padre fundador del cine mexicano, Fernando de Fuentes, donde se le queda inscrito el sobrenombre de la Doña, basada en la novela homónima del escritor venezolano Rómulo Gallegos en la que María enérgica, daría a conocer su deslumbrante belleza, su carácter, su recia personalidad y su notable carisma para ser retratada en distintas poses, porque “era la actriz más fotogénica, con un aura muy mexicano”, como lo afirmó el cineasta Emilio Indio Fernández, el gran realizador que la redescubrió y la hizo verdadera estrella a nivel nacional e internacional.

Conoce al músico y compositor Agustín Lara, quizá el hombre que más quiso, según confesó ella. Recupera a su hijo Enrique. En ese mismo año, trabaja en La Monja Alferez, de Emilio Gómez Muriel, con José Cibrián; Amok, de Antonio Momplet, con Julián Soler. Un año después aparece en El Monje Blanco de Julio Bracho, con Tomas Perrín; Vértigo, de Antonio Momplet, con Emilio Tuero. En 1946, interpreta a La devoradora, de Fernando de Fuentes, con Luis Aldas; 1947: y llega… Enamorada, de Emilio Fernández, junto con Pedro Armendáriz, su pareja protagónica más famosa. Considerada su película más popular, y donde obtiene su primer “Ariel”, a la mejor actriz, está espléndida como hija rica de un hacendado. En ella, Beatriz Peñafiel (María Félix) se enamora de un agresivo general revolucionario (Pedro Armendáriz) que ocupa militarmente la ciudad de Puebla. Luego La mujer de todos, de Julio Bracho, con Armando Calvo; La diosa arrodillada, de Roberto Gavaldón, con Arturo de Córdova; Río Escondido, de Emilio Indio Fernández, con Carlos López Moctezuma, en el que María Félix gana su segundo “Ariel”; ”Que Dios me perdone”, de Tito Davison, con Fernando Soler; 1948, Maclovia, de Emilio Indio Fernández, con Pedro Armendáriz, donde actúa como una bella indígena tarasca; 1949, Doña Diabla, de Tito Davison, con Víctor Junco, le es concedido su tercer “Ariel”; Al caer la tarde, de Tito Davison, con Víctor Junco.

Una mujer cualquiera

En España filma Mare nostrum, de Rafael Gil, con Fernando Rey; Una mujer cualquiera, de Rafael Gil, con Antonio VIlar; 1950: La noche de sábado, de Rafael Gil, con Rafael Duran; La corona negra / La couronne noir, de Luis Saslavsky, con Rozzano Brazzi; 1951,en Italia: Incantésimo trágico, de Mario Sequi, con Rossano Brazzi; Messalina, de Carmine Gallone, con George Marchal; 1952: Camelia, de Roberto Gavaldón, con Jorge Mistral; El rapto de Emilio Fernández, con Jorge Negrete; 1953: Reportaje de Emilio Fernández con Jorge Negrete. En Argentina participa en La pasión desnuda de Luis Cesar Amadori con Carlos Thompson. En Francia, 1954, La belle Otero de Richard Pottier, con Louis Seigner; 1955: French can-can, de Jean Renoir, con Jean Gabin; Les heros sont fatigues de Yves Ciampi, con Yves Montand; La escondida de Roberto Gavaldón, con Pedro Armendariz; 1956: Canasta de cuentos mexicanos de Julio Bracho con Pedro Armendáriz; Tizoc de Ismael Rodríguez, con Pedro Infante; 1957: Flor de mayo de Roberto Gavaldón, con Pedro Armendáriz. En España: Faustina de Luis Saenza de Heredia, con Fernando Fernán Gómez; 1958: Miércoles de ceniza de Roberto Gavaldón, con Arturo de Córdova; Café Colón de Benito Alazraki, con Pedro Armendáriz; La estrella vacía de Emilio Gómez Muriel, con Carlos López Moctezuma; La cucaracha de Ismael Rodríguez, con Emilio Fernández. 1959. España: Sonatas de Juan Antonio Bardem, con Francisco Rabal; Los ambiciosos / La fievre monte a el Pao de Luis Buñuel, con Gerard Philipe; 1960: Juana Gallo, de Miguel Zacarías, con Jorge Mistral; 1962; La bandida de Rogelio A. González, con Pedro Armendariz; Si yo fuera millonario de Julián Soler, con Amador Bendayán; 1963: Amor y sexo / Safo 63, de Luis Alcoriza, con Julio Alemán; 1965: La Valentina, de Rogelio A. González, con Eulalio González Piporro; 1970: La generala, de Juan Ibáñez, con Ignacio López Tarso.

Afirma el poeta y ensayista, Premio Nobel de Literatura, 1990, Octavio Paz, acerca de la personalidad de María de los Ángeles Félix Guereña: “Hay una diferencia entre los mitos de ayer y los de hoy; la ninfa se convierte en constelación por voluntad de Zeus mientras que la María Félix que todos conocemos es el resultado de lo que hizo con ella misma, con su cuerpo y con su cara, con su alma y con su vida, una muchacha de la clase media mexicana. Todos sabemos que María pertenece a la raza de las divas y los ídolos. Subrayo que esa raza es un estirpe no de la sangre sino del talento o, más exactamente, el genio. Uso esta palabra en su primer sentido, que denota el carácter de cada uno, ese conjunto de disposiciones y tendencias innatas que forman el núcleo de lo que somos. Genio y gen viene de engendrar. Sólo que no basta el genio: hace falta la voluntad y la imaginación. Cada hombre, al nacer es una promesa de ser; para cumplirla cada uno debe, en mayor o menor grado, hacerse a sí mismo. Tarea que exige imaginación y voluntad; la primera nos muestra la imagen de lo que podríamos ser, la segunda nos da la posibilidad de realizar aquello que imaginamos. María Félix nació dos veces: sus padres la engendraron y ella, después se inventó a sí misma.”

Habla María Félix: “Hice cuarenta y siete películas a lo largo de mi carrera, pero mi aprendizaje nunca terminó. Cada papel me enseñaba algo nuevo. Todos me exigían transformaciones, cambios de ropa, cambios de lenguaje, cambios de mentalidad. Las historias que uno lee en el libreto varían al irse filmando. Nada es definitivo: hasta la trama puede modificarse a última hora y los personajes pueden ganar o perder importancia según la capacidad del actor. En ese juego de azar está el encanto del cine para quienes lo vemos como profesión”.

María de Los Ángeles Félix Guereña muere el 8 de abril de 2002. Nace y muere el mismo día y el mismo mes. Así era de original y única. Sigue siendo el máximo símbolo femenino del cine mexicano.

En septiembre de 1992, la Dirección General de Actividades Cinematográficas le entregó la Medalla Filmoteca UNAM por su contribución al cine mexicano.


Víctor Manuel Romero Cervantes

Filmoteca UNAM