Los cinefotógrtafos de la Revolución

Publicación revista Toma


Pathé 35mm

Reducido es el inventario de quienes captaron vistas de la revolución: Antonio Ocañas, socio de Salvador Toscano; hermanos Alva (Carlos, Guillermo y Salvador), Enrique Rosas, Jesús Hermenegildo Abitia, Guillermo Becerril hijo en la ciudad de Puebla, Julio Lamadrid, Indalencio Noriega en la ciudad de Guanajuato, y otros cuya labor se desconoce. Sorprende la cantidad de material captado por tan escaso número.

El ingeniero Salvador Toscano Barragán nació en 1872; murió en 1947. Enterado por la revista francesa La Nature del cinematógrafo, compró un aparato. En 1898 inició la toma de películas con El zócalo y La alameda. Pronto se convirtió en uno de los más dinámicos empresarios ambulantes. Asociado con otros, explotaba el cinematógrafo en las ciudades comunicadas por ferrocarril del centro-norte del país.

Educado en el positivismo (introducido en México en 1869), por sus estudios de ingeniería, estaba convencido de que la imagen cinematográfica mostraba “la verdad”, por ello ordenó sus “actualidades” respetando la secuencia espacio-temporal de los hechos.

Para dar una “idea” más cabal del viaje de Porfirio Díaz a Yucatán en 1906, basándose en las películas de Méliès exhibidas en México, estructuradas en “cuadros”, ordenó las doce “vistas” de un rollo que componían la película, de principio al fin del viaje. Cada una era un plano secuencia y una elipse que sintetizaba el viaje. La exhibió con un relato de 51 vistas fijas, ordenadas de la misma manera. Su criterio narrativo tuvo una aceptación generalizada.

Por su creencia de que la cámara mostrabas la “verdad” de la historia, en 1912 exhibió su primera versión de su Historia completa de la revolución, a la que añadió episodios de acuerdo al transcurrir de los sucesos en las versiones de 1913, 1915, 1916, 1920, 1927 y 1935.

Se posee escasa información sobre Antonio Ocañas. Se formó como operador de Carlos Mongrand, el más dinámico de los empresarios ambulantes cinematográficos; a su retiro en 1906 se incorporó a la ambulancia del ingeniero Toscano, convirtiéndose en su brazo derecho en la toma de vistas. Maderista, en 1911 se dirigió a Ciudad Juárez para captar la toma de la ciudad por los revolucionarios.

Originarios de Morelia, Michoacán, en 1905 la familia Alva sustituyó la fabricación de bicicletas por el cine. De 1907 son sus vistas más antiguas. Aprendieron el oficio con el ambulante cinematográfico Enrique Rosas. Pathé francesa los contrató para enviar notas informativas para el Pathé Journal y como sus representantes en sociedad con P. Aveline y A. Delalande. Se convirtieron en los camarógrafos más importantes de fines del porfirismo (1910) y primeros años de la revolución. A partir del canon creado por el ingeniero Toscano de respetar la secuencia espacio-temporal de los acontecimientos, crearon los documentales más maduros y ambiciosos de la narrativa de las vistas de actualidades, Entrevista Díaz-Taft (1909) y Revolución orozquista (1912).

Universal

Enrique Rosas nació en la ciudad de Puebla en 1877; cambió la sastrería por el cine, negocio en el que se inició en 1899 al abrir un jacalón en la ciudad de México. En 1900 comenzó su itinerancia; junto con Carlos Mongrand y Salvador Toscano se convirtió en uno de los ambulantes más destacados del país; en 1909 abrió el Salón París en la ciudad de México; en 1901 emigró a La Habana, donde abrió el Politeama; en 1912 regresó a la ciudad de México en el preciso momento de la rebelión de Félix Díaz contra el gobierno de Madero, la que captó en Revolución felicista. Pasó en México el año crítico de 1915, retrató el fusilamiento de los integrantes de la banda del automóvil gris, secuencia con la que cerró su película de 12 episodios El automóvil gris (1920), a mi juicio epílogo del documental de la Revolución. Murió el 9 de agosto de 1920, después del estreno de su obra cumbre.

Jesús Hermenegildo Abitia nació en Botuchic en la sierra tarahumara del estado de Chihuahua el 13 de abril de 1881. Un vecino dio a conocer el cinematógrafo Lumière en esa población. Le interesó. Con la intención de convertirse en camarógrafo, adquirió un equipo de fotografía; estudió con los hermanos Valleto, prestigiados fotógrafos de la ciudad de México. En 1910, poco antes del inicio de la revolución, compró en El Paso, Texas, una cámara de cine. Filmó en 1913 El robo del perico, Los dos reclutas, Los amores de Novelty y El incendiario, de las escasas ficciones anteriores a 1917. Amigo y compañero de escuela de Álvaro Obregón, que se convertirá en uno de los generales más sobresalientes de la revolución y en presidente de la república en 1920, se unió al ejército constitucionalista del que se convirtió en su cronista visual. Captó las acciones del ejército a las órdenes de Obregón en el noroeste del país, y, en menor medida al Primer Jefe de la Revolución, Venustiano Carranza, a partir del primer semestre de 1914 y hasta el asesinato del general en 1928. Al desocupar la ciudad de México en 1914 por presión de los ejércitos de Emiliano Zapata y Francisco Villa, aliados en ese momento, Venustiano Carranza se dirigió al puerto de Veracruz con los implementos del Gobierno. Abitia perdió casi todo su equipo.

Se posee escasa información de cómo y dónde adquirían película virgen, cómo les llegaba a los campos de batalla, dónde revelaban, editaban; así como de los otros camarógrafos.

En palabras de Abitia:

En Orizaba nos recibió el Primer Jefe, yo tomé la escena con la única cámara que quedó servible, pero sin tripié. A Veracruz llegamos el 26 de noviembre de 1914. De allí salí a Cuba para adquirir aparatos y materiales cinematográficos; en La Habana recibí dos cámaras de cine y película virgen que de Veracruz pedí por telégrafo a Nueva York. […] Ya con elementos, volví a incorporarme con el general Obregón y seguí a la vez que desempeñaba varias comisiones, tomando películas para la historia de la Revolución.

Jesús Abitia estudió fotografía con los prestigiados hermanos Valleto; Enrique Rosas con Agustín Jiménez padre; los hermanos Alva con Enrique Rosas; los demás aprendieron con el oficio. Estimulados por el movimiento armado los cinefotógrafos retrataron la Revolución a partir de la batalla de Ciudad Juárez, en el extremo norte del país en la frontera norteamericana, en mayo de 1911, a donde se desplazaron Antonio Ocañas, cercano colaborador del ingeniero Toscano, y los hermanos Alva para dejar su crónica visual en La toma de Ciudad Juárez y el viaje del héroe de la revolución don Francisco I. Madero de Ocañas en cinco partes, y Últimos disparos de Ciudad Juárez de los Alva. Ambas rebasaron las dos horas de duración, más largas que la longitud promedio de la producción francesa, italiana o norteamericana de aquellos años.

La decena trágica, los diez días que duró el combate contra el gobierno de Madero, inicia el declive del documental de la Revolución, que se asomará a las pantallas bajo la condición de hacer propaganda al gobierno, característica impresa por el gobierno de Porfirio Díaz, pero de ser propaganda oficiosa pasó a propaganda oficial. Los hermanos Alva se retiraron de la producción en 1915, aunque continuaron filmado eventos para su propio archivo; el ingeniero Toscano en 1938 con su última versión de la historia completa de la Revolución.


Aurelio de los Reyes García-Rojas