Harun Farocki, a través de las imágenes, y detrás de ellas.

Publicación revista Toma


El pasado 30 de junio nos sorprendió a todos enterarnos de que Harun Farocki nos había dejado. Habían pasado menos de cuatro meses desde su visita a la ciudad de México, en la que compartió, durante tres semanas, su conocimiento discreto y su pasión inextinguible. Sólido, en su presencia como en su discurso, un hombre forjado de una ética que procede de la lucha, del compromiso personal. Casi de otro tiempo, del que ha mantenido la fe, incansable como su producción.

A México vino a organizar el taller Trabajo, en una sola toma, parte de un proyecto itinerante que registra, analiza y compara las situaciones laborales diversas en cada capital del globo, a través de los ojos de una nueva generación que se está formando en la producción audiovisual.

Como parte de los proyectos de FICUNAM 2014, este taller organizado con la Cátedra Bergman en Cine y Teatro se pensó en conjunto con una retrospectiva exhaustiva, compuesta de 24 títulos, y una exposición curada por el Museo Universitario Arte Contemporáneo, MUAC, con el título “Visión. Producción. Opresión”. Un programa ambicioso, constituido de estos tres ejes principales como punto de partida de una constelación de referencias a nuestro mundo visual y cognoscitivo: el trabajo de Farocki a lo largo de las décadas ha acumulado una herencia crítica, potente para generación tras generación.

En más de cuarenta años de carrera, Harun Farocki construyó un cuerpo de trabajo que incluye películas, video-instalaciones y medios digitales, multitud de formatos, de la película, a través de la tecnología digital y lo más actual de la información binaria. Imágenes, reproducidas e interrogadas, analizadas a diferentes niveles: producción, distribución, percepción, uso y manipulación; desplegando la complejidad de su significado al momento del contacto con la esfera pública. Tanto su trabajo creativo, como sus reflexiones teóricas -desde la época en la que fue editor del la revista Filmkritic- se enfocan en la complejidad interpretativa e ideológica de las imágenes en la época contemporánea. Los medios de comunicación masivos, las instituciones, los corporativos, los medios de producción, hacen de la imagen una parte del engranaje de perpetuación capitalista, de alimentación de una sociedad que se fagocita a sí misma, que conecta consumo y guerra, mientras adoctrinamiento y vigilancia están del otro lado de la cámara.

En México se mostró una selección consistente de su producción fílmica. Me permito aquí mencionar algunos.

Fuego inextinguible (1969) es su primera película y manifiesto de un compromiso político como creador de cine. Una clase de propensión educativa, que recuerda la austeridad de los mensajes de Jean Marie Straub: Farocki quiere despertar conciencias, provocar la reflexión: “Cuando te mostremos fotos de víctimas de napalm cerrarás los ojos. Cerrarás los ojos frente a la foto. Luego los cerrarás frente a la memoria. Y luego los cerrarás frente a los hechos”.

La relación con Straub, quien fue su maestro, es evidente en otro trabajo que compone la retrospectiva. Se trata de Jean-Marie Straub y Danièle Huillet trabajando en una película basada en un fragmento de la novela América, de Franz Kafka (1983), que es a la vez homenaje y retrato. Esta herencia se extiende a todo su cuerpo de trabajo, en la sutil claridad didáctica de sus películas, así como en la responsabilidad en su papel de artista. Entre dos guerras (1978) es, en efecto, un ensayo acerca de la creación y la producción. En el periodo entre las dos guerras mundiales la producción industrial creció a un ritmo implacable, creando un sistema monstruoso cuya acumulación de presión llevó a la destrucción premeditada de su misma sociedad.

La guerra es tema en una amplia producción de Farocki. Ante tus ojos: Vietnam (1982) explota las posibilidades de la ficción en una reflexión dialéctica entre dos personajes principales, entre las posibilidades metafóricas de un lenguaje de imágenes y la claridad exigente del lenguaje de palabras. Imágenes del mundo y la inscripción de la guerra (1988) es un ensayo extraordinario a partir de imágenes fotográficas tomadas por las fuerzas aéreas estadounidenses, que comprueban la existencia de Auschwitz, y que evoca paralelos al mundo -a los mundos- de nuestro entorno temporal. Con la intención de sugerir el cinismo de las imágenes cuando no hay responsabilidad de la mirada ni reacción a ellas. La discrepancia entre la autorepresentación del poder y lo que está atrás de su imagen, es el centro de El papel principal (1994), donde el orgullo nacionalista de la Alemania comunista se ridiculiza frente el conocimiento –del espectador- de su inminente caída.

También en Prórroga (2007) Farocki revive al archivo, a partir de un filme institucional que registra la funcionalidad del campo de trabajo de Westerbork, después de que ya había dejado de ser emplazamiento temporal para los judíos holandeses, antes de la deportación. Sin embargo, bajo la mirada de Farocki el filme se convierte en dispositivo evocativo de la máquina de exterminio nazi, de otros campos que igualmente parecieron inocuos. A través del cuerpo de la película, que no esconde su deterioro frente al tiempo, se detona una denuncia que pretende reactivar la memoria.

La percepción de las imágenes, la verdad velada atrás de ellas, son parte de una investigación que acompaña el trabajo de Farocki a lo largo de más de 90 películas. Farocki relaciona directamente la estrategia militar a la producción industrial, sugiriendo que nuestro modelo de consumo es cómplice de los conflictos bélicos, como en Guerra a la distancia (2003). La tecnología y la producción de imágenes por computadora, desde la Guerra del Golfo de 1991, han modificado nuestra percepción de los conflictos, superando la dimensión antropomórfica –y deshumanizándolos.

Por este camino nos acercamos a otro de los temas queridos por el realizador: la presión del esquema de producción en la época post-industrial contemporánea. En Nada aventurado (2004) el consumidor es el peón en un sistema en el que banqueros e industriales juegan el partido. En Un día en la vida de un consumidor (1993) da un paso más: el espacio es el dispositivo de la manipulación, lo que transforma las personas en clientes y pretende guiar sus movimientos. Motivo que sigue discurriendo a lo largo de los años, desde Los creadores de un mundo de compras (2001) hasta Un nuevo producto (2012). Los ladrillos son las piezas con que se construyen el espacio de la convivencia, del trabajo o del tiempo libre; su sonido es el ritmo de una sociedad organizada, en un viaje a través de diferentes culturas, en En comparación (2002). Aquella sociedad en la que se combina la psicología con el capitalismo, que exige “prepararse” para la vida. Sea para que, como ejecutivos, uno pueda venderse mejor, en El adoctrinamiento (1987); o para simplemente buscar trabajo, en La entrevista (1997). Aquellos espacios que son guiar, mientras las cámaras vigilan, en Imagen de la cárcel (2000).

Farocki se adentra en un mundo regido por reglas de mercadotecnia en La apariencia (1996), que maneja el cuerpo y las personas, tales y cuales objetos, como en la reveladora sesión de fotografías para la revista Playboy, de Una imagen (1983) o en la incursión en la pornografía a través de la ficción de Como se ve (1986). La ironía sagaz en la mirada de Farocki igualmente sostiene la evolución de la Naturaleza muerta (1997) en la fotografía moderna, donde los objetos de consumo de nuestra época, sustituyen los elementos figurativos de la tradición pictórica del siglo XVII.

Otra obra esencial presentada en la retrospectiva es Trabajadores saliendo de la fábrica, una pieza que se expande en múltiples canales, para el espacio del museo. Farocki ofrece un obsequio explícito a la obra de los hermanos Lumière y a aquella homónima filmación de los obreros saliendo de la fábrica de Lyon, y atraviesa la historia del cine con el leit motif del trabajo, desde Fritz Lang a Pier Paolo Pasolini.

En La expresión de las manos (1997) Farocki acerca una vez más su práctica como cineasta a la reflexión filosófica del siglo XX. Remarca el valor del gesto político contenido en las imágenes, la intensidad de las pasiones por la repetición de los movimientos –al correr de la cinta-, la transformación de sus códigos -a través del tiempo. Un Atlas mnemosine hecho e fragmentos de movimientos, como bien intuye Thomas Elsaesser, quien encuentra cercanía entre las reflexiones del cineasta alemán y la obra de Aby Warbur, filósofo de la misma procedencia. Un atlas utópico de las fuerzas de cambio de la realidad histórica, como en Videogramas de una revolución (1992), documental realizado con Andrei Ujica, a partir de 125 horas de material de la revolución rumana.


Eva Sangiorgi

Directora FICUNAM